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 A la Iglesia Adventista del Séptimo Día:

Un Llamado en Defensa de la Libertad de Conciencia

Firmar el Llamado


Los Adventistas del Séptimo Día de todo el mundo se enfrentan a una inminente crisis social que amenaza ampliamente y de forma generalizada las libertades religiosas de muchos de nuestros miembros.


La mayor amenaza inmediata son los mandatos gubernamentales de vacunaciónes COVID y las sanciones por incumplimiento. En respuesta, es vital para la continuidad de la misión de la Iglesia que nuestros líderes – en el ministerio, en el sector sanitario, la educación y las publicaciones – actúen con la mayor sensibilidad, cuidado y valor. La acción debe llevarse a cabo de manera coherente con nuestras Creencias Fundamentales, nuestra comprensión establecida de la escatología y nuestro compromiso desde hace muchos años con la libertad de conciencia, tanto para nosotros mismos como para dar un verdadero testimonio al mundo al proteger esa libertad para los demás.


Este documento no argumenta a favor o en contra de la vacunación, sino que sostiene que la decisión es una opción espiritual personal que puede basarse en una creencia religiosa sincera. Por lo tanto, la Iglesia está llamada a utilizar su influencia y sus organismos para rechazar los mandatos u otras políticas que penalicen a los miembros, o los discriminen, por su decisión de conciencia de rechazar la vacunación.


Este punto de vista reconoce plenamente el tremendo impacto que la pandemia del COVID ha tenido en todo el mundo, provocando graves enfermedades y muchas pérdidas de vidas. Mientras abrimos nuestros corazones para atender a quienes soportan un dolor desgarrador, debemos asegurarnos de que nuestra respuesta a una crisis como ésta sea coherente con nuestro compromiso a los principios de la salud integral y de la libertad religiosa y de conciencia.


Con un espíritu de profunda preocupación por el éxito de nuestro movimiento Adventista mundial y por el bienestar espiritual, físico, mental, social y económico de nuestros miembros, se presenta este llamado abierto a todos los que quieran ser verdaderos y fieles líderes del pueblo de Dios.


Por lo tanto, solicitamos respetuosamente a los líderes de todas las entidades y a todos los niveles de la Iglesia que hagan lo siguiente:


El Deber de Ministrar a Todo el Cuerpo de Creyentes


Reconocer que existe una creciente preocupación médica, ética y filosófica entre decenas de miles de personas de nuestra comunidad religiosa y de la comunidad médica y científica en general respecto a la seguridad y eficacia de las vacunas COVID.


Fomentar, mediante la acción y la influencia, la plena comprensión por parte de nuestros miembros de la Creencia Fundamental no 22 de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, que establece “que, puesto que nuestros cuerpos son templo del Espíritu Santo, debemos cuidarlos con inteligencia” (Romanos 12:1, 2; 1 Corintios 3:16, 17; 10:31). Así pues, la Iglesia debe reconocer que los miembros de buena voluntad y sentido común de todo el mundo pueden tener convicciones muy diferentes sobre los detalles de lo que significa cuidar de nuestros cuerpos con inteligencia (Romanos 14:1-4, 22, 23) en relación con la crisis actual, y que muchos miembros bien informados entienden que lo siguiente es cierto: 


Es posible que aquellos que han sido vacunados aún contraigan COVID. Esto va en contra de lo que a menudo se entiende como el propósito de la vacunación.


Es posible que las personas vacunadas sigan propagando el COVID. Esto refuta la idea de que los no vacunados son una amenaza para la salud de sus colegas y amigos mientras que los vacunados no lo son.


Es posible que los vacunados enfermen gravemente y mueran de COVID. De hecho, según los informes sanitarios oficiales de los organismos sanitarios gubernamentales pertinentes, en algunos países la mayoría de las muertes por COVID se producen entre quienes están totalmente vacunados.


Algunas personas han sufrido efectos adversos graves e incluso mortales al recibir la vacuna contra el COVID. Aunque no se sabe con certeza si estos efectos adversos son raros, si a usted o a sus seres queridos les ocurre un evento de este tipo, la la rareza del evento es irrelevante.


Los efectos a largo plazo de las vacunas COVID son desconocidos e incognoscibles en este momento. Esto se debe a los plazos truncados de los ensayos de seguridad que tuvieron lugar antes de que las vacunas se pusieran a disposición del público.


Las vacunas contra el COVID representan una mayor amenaza para ciertos segmentos de la población que el propio virus. Es decir, algunos segmentos de la población pueden estar mejor sin la vacunación y centrarse en estar lo más sanos posible, de acuerdo el entendimiento adventista de la salud.


Estos puntos no suponen una posición de que la vacuna no debe tomarse, y pueden ser discutidos por algunos. Pero cada uno de ellos se basa en información de salud pública proporcionada por organismos gubernamentales y otras autoridades reconocidas. Por lo tanto, no es ilógico reconocer que muchos miembros de la iglesia tienen diferentes entendimientos y convicciones de acuerdo con estos puntos. Sus convicciones deben ser respetadas por la Iglesia y tenidas en cuenta en el desarrollo de cualquier postura, política o posición pública relacionada con la vacunación COVID.


Reconocer que el liderazgo tiene la responsabilidad de ministrar a toda la iglesia y, por lo tanto, está obligado a hacer lo siguiente:


Evitar cualquier postura o posición pública sobre las vacunas COVID que pueda causar una profunda polarización entre los miembros, como ya está ocurriendo (1 Corintios 12:25-27).


Alentar, fomentar y apoyar el diálogo amoroso y respetuoso con respecto a los puntos de vista diferentes (Hechos 15:1-12; Daniel 1:9, 10).


Permitir más tiempo y consideración para los resultados positivos o negativos en lugar de tomar medidas punitivas contra las personas que podrían ser guiadas por el Espíritu Santo (Hechos 5:34- 39).


Evitar los extremos apoyando/adoptando una política inclusiva equilibrada (Hechos 15:1329; Isaías 30:21).


Poner mucho más énfasis – de hecho, el énfasis principal – en promover la confianza entre nuestros miembros en los principios del mensaje de salud de Dios para ayudar a evitar la enfermedad y la dolencia, y posicionar a nuestra Iglesia ante la opinión pública como la cabeza y no la cola en la defensa de las formas naturales de prevención contra esta enfermedad (Daniel 1:11-16; 3 Juan 2; Éxodo 15:26).


Reconocer que la postura actual de la Iglesia sobre las vacunas se adoptó en un momento en el que era imprevisible que las nuevas vacunas se desplegaran rápidamente en todo el mundo sin las protecciones habituales de seguridad y ética comunes a los protocolos de desarrollo de las vacunas regulares y, por lo tanto, que la postura anterior de la Iglesia sobre la inmunización/vacunación no debería aplicarse a las vacunas COVID o a cualquier vacuna futura que no pase por el período de prueba habitual de 5 a 10 años con un análisis abierto de los datos relativos a la seguridad y la eficacia.


Deber de Proteger las Libertades Religiosas


Reconocer que la Iglesia Adventista del Séptimo Día tiene el deber de proteger enérgicamente las libertades religiosas y civiles de sus miembros y de otros, a la luz de su comprensión, desde hace mucho tiempo, de la profecía bíblica de que ciertas libertades serán restringidas en los últimos días antes de la venida de Jesús (Judas 3; 2 Corintios 3:17; Josué 24:15; Apocalipsis 13:11; 1 Timoteo 4:1).


Reconocer que las condiciones mundiales y las acciones gubernamentales están amenazando esas libertades en el área más vital de la convicción espiritual sobre nuestros cuerpos como templo de Dios (Mateo 24:7-9; 1 Corintios 6:19, 20; 2 Corintios 3:17).


Reconocer que la Iglesia y sus miembros deben mantener la independencia de criterio frente a los sabios del mundo. Cristo nos advirtió que, en los últimos tiempos, debemos tener cuidado para que nadie nos engañe (Mateo 24:4, 5, 11, 24). Específicamente en lo que se refiere al requisito de proteger nuestros cuerpos como templo de Dios, el apóstol Pablo advierte: “Que nadie se engañe a sí mismo; si alguno entre vosotros se cree sabio en este siglo, hágase ignorante, para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es insensatez para con Dios; pues escrito está: “El prende a los sabios en la astucia de ellos.”, y otra vez: “El Señor conoce que los pensamientos de los sabios, que son vanos. Así que, ninguno se gloríe en los hombres; (1 Corintios 3:18-21). Es una virtud en tiempos de agitación social e incertidumbre, la moderación a la hora de elegir un bando concreto en una cuestión conflictiva antes de conocer todos los hechos (Mateo 7:15-20). En esos momentos, el silencio no es sólo elocuencia, sino también prudencia (Santiago 1:5, 19).


Asumir plenamente la Política de Trabajo de la Conferencia General para Asuntos Públicos y Libertad Religiosa (Políticas Departamentales), Sección FL 05 Filosofía, que establece, entre otras cosas, que:


“El uso de la fuerza y la coerción es contrario a la vida, a la dignidad y a la auténtica religión”


“la unión de la Iglesia y el Estado es una fórmula segura para la discriminación y la intolerancia y ofrece un terreno fértil para la propagación de la persecución”


“La libertad religiosa incluye el derecho humano fundamental de… manifestar y practicar la propia religión individualmente o en comunión con otros creyentes… con sujeción al respeto de los derechos equivalentes de los demás”


Oponerse públicamente a cualquier curso de acción gubernamental que nos condicione a aceptar nuevos principios y técnicas de control social que en un tiempo aún futuro se utilizarán, como creemos, para traer daño económico y físico a las vidas de aquellos que tienen puntos de vista diferentes con respecto al culto; y resistirse a la formación ahora de una unión de facto e involuntaria de la iglesia y el estado al anticipar o abrazar los mandatos estatales que pisotearán la conciencia de los empleados y miembros individuales (Apocalipsis 13: 11- 17; 2 Tesalonicenses 2:9-12; 2 Corintios 11:2-4, 13-15).


Acción


Eliminar las políticas y acciones en nuestras organizaciones e instituciones eclesiásticas que impactan negativamente a los individuos por ejercer su libertad de conciencia, forzando, coaccionando o recompensando a los empleados para que tomen una determinada acción, o discriminando entre los empleados en las oportunidades de trabajo, funciones, actividades, viajes o asociación, basándose únicamente en una elección de salud personal honorable e informada de aceptar o rechazar la vacunación (Romanos 14:5; Hechos 23:1-5; 2 Corintios 3:17; Lucas 10:40-42).


Insistir y asegurar que aquellos a quienes se les ha confiado la protección de nuestras libertades religiosas se comprometan plenamente en esta crisis y lo hagan con toda la fuerza de todos los medios a su alcance, sin tener en cuenta consideraciones políticas seculares o preferencias partidistas, y que defiendan la causa de la libertad religiosa en los pasillos de los gobiernos, en la prensa, ante los organismos científicos y en los tribunales, oponiéndose específicamente a los mandatos de vacunación COVID que atentan contra la integridad corporal de los miembros y la capacidad de la Iglesia para reunirse y atender a sus miembros y a la comunidad (Efesios 6: 9-20; Romanos 2:11; Santiago 2:1).


Aconsejar a los pastores y otros líderes de la iglesia que son libres, cuando se les pida, de escribir cartas en nombre de la Iglesia para apoyar a los miembros que buscan una exención religiosa de las vacunas COVID, y que deben utilizar un lenguaje cuidadoso como: “De acuerdo con las enseñanzas de la Iglesia sobre la salud, los Adventistas del Séptimo Día creen que pueden existir razones religiosas, basadas en la fe, para evitar algunos programas de vacunación, y que es el consejo de la Iglesia instar a sus miembros a seguir su conciencia en estos asuntos”, o palabras en ese sentido. Cualquier política eclesiástica actual y/o material en línea que haga referencia a la participación de los pastores en dicha actividad debería ajustarse en consecuencia.


Conclusión


Ofrecemos este llamado a la valentía en la defensa de la libertad de conciencia en un espíritu de preocupación y compañerismo cristiano, y solicitamos encarecidamente el apoyo de las personas que están vacunadas y de las que no lo están. Confiamos en la buena fe de todos los lectores para que reconozcan que la posición que se defiende en este llamamiento no se ha alcanzado de forma precipitada. No se basa en una persuasión política específica ni en una actitud de hostilidad hacia la autoridad debidamente constituida y la legislación apropiada. Más bien, se ha llegado a esta posición después de la oración y de un cuidadoso estudio y reflexión, y se basa en los principios bíblicos pertinentes y en la consideración reflexiva de la información médica y de salud fácilmente disponible, pero a veces contradictoria. Esta posición está en completa armonía con el siguiente párrafo publicado el 18 de diciembre de 2020 en la “Adventist Review”, el periódico de la iglesia general de la Iglesia Adventista [énfasis en el original]:


“Reiteramos: LA DECISIÓN DE VACUNARSE O NO ES UNA ELECCIÓN DE CADA INDIVIDUO, Y DEBE TOMARSE EN CONSULTA CON SU PROVEEDOR DE ATENCIÓN MÉDICA. LA INVESTIGACIÓN PERSONAL SOBRE EL TEMA ES IMPORTANTE. EN ÚLTIMA INSTANCIA, CONFIAMOS EN SEGUIR LAS PRÁCTICAS DE SALUD BÍBLICAS Y EL ESPÍRITU DE PROFECÍA, Y EN SEGUIR LA GUÍA DE DIOS EN NUESTRAS VIDAS, LO QUE NOS TRAERÁ PAZ Y SEGURIDAD EN NUESTRA TOMA DE DECISIONES”.


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Este llamado se dirige respetuosamente a los Adventistas del Séptimo Día de todo el mundo, y especialmente a los que ocupan puestos de liderazgo organizativo, institucional y de la iglesia local. Su elaboración ha sido organizada por la Alianza Libertad y Salud, un ministerio de miembros Adventistas del Séptimo Día que promueve el mensaje de salud de la Iglesia y la libertad de conciencia en la toma de decisiones sanitarias concretas, especialmente en relación con la pandemia del COVID-19.


Presidenta:Lela Lewis, MD, MPH, Phoenix, Arizona

Vicepresidente/Asuntos Jurídicos:Jonathan Zirkle, JD, Loma Linda, California

Vicepresidente General: Scott Ritsema, Lakeview, Michigan

Vicepresidente/Asuntos Espirituales: Wyatt Allen, New Albany, Indiana

Vicepresidente/Asuntos Médicos: Andrew Chung, MD, Clear Lake, California

Director de Medios y Comunicaciones: Chris Chung, Avon Park, Florida

Director de Telehealth: Alan Maycock, Phoenix, Arizona

Asesor Espiritual: Greg A. King, PhD, Collegedale, Tennessee


Este llamado ha sido escrito con el consejo y el apoyo de otros adventistas que comparten las preocupaciones de la Alianza para la Libertad y la Salud. El hecho de que sus nombres aparezcan a continuación significa únicamente que esas personas afirman públicamente su apoyo a este documento, y que dicho apoyo no refleja necesariamente la posición o los puntos de vista de ninguna entidad u organización con la que puedan estar afiliados profesionalmente. 


Michael G. Hasel, PhD, Ooltewah, Tennessee

Ron Kelly, Berrien Springs, Michigan

Ronald A. Knott, Berrien Springs, Michigan

Gregory Nelson and Wendy Nelson, MD, Loma Linda, California

James Rafferty, North Fork, California

Conrad A. R. Vine, DMin, Berrien Springs, Michigan

Wes Youngberg, DrPH, Temecula, California

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